Tu derecho a usar tu coche

Los temas de la movilidad sostenible me conducen por caminos inescrutables. Tanto que me sale escribir sobre cosas de coches. Mal vamos. Pero es que a cada paso encuentro gentes, ciudadanos de a pie y rozagantes prebostes, que me plantan en la cara su derecho a usar su cochecito y tener su plaza de aparcamiento en donde quiera que sea menester a mayor gloria de su inmarcesible derecho a su pimpante movilidad.

El Roto - Al desastre en coche - Desde Gijón y en Bicicleta

Y es que la cuestión de “tener derecho a” nos coloca en un terreno de gran ambigüedad porque la idea de derecho está muy contaminada en el lenguaje común.

El derecho positivo a moverse en coche

En términos estrictamente legales, un derecho sólo se tiene cuando hay una norma de Derecho, una norma jurídica, que lo reconoce u otorga… Busco y rebusco. Leo entonces con avidez las síntesis de legislación europea por si está pendiente de translación al ordenamiento jurídico patrio. Nada. No existe un derecho a moverse en coche (ni nada parecido) en norma jurídica alguna.

El hombre-coche - Desde Gijón y en bicicleta

La sociedad cochecentrista y su ordenamiento jurídico

En nuestro discurso cotidiano (en los chigres y plazas) hablamos con insistencia de una segunda acepción de derecho, correspondiente a la idea de derecho moral. En la línea del derecho político o social, que inflama los discursos con el “debemos salvaguardar/proteger/blindar el derecho a…”.

En esta dirección está la idea subyacente del derecho a desplazarse en el coche particular o a tener aparcamiento disponible a la medida de las necesidades creadas. Una sociedad cochecéntrica ha generado un status quo que contempla, cómo no, el derecho moral a cubrir las necesidades personales de movilidad en coche particular y trata de convertir ese derecho moral en derecho jurídico impulsando normas legales que lo justifican y salvaguardan.

Una sociedad que convierte en uno de los pilares de su estructura económica al complejo automóvil-petroleo-infraestructuras tiene, por fuerza, que generar un ideología congruente que ampare y de carta “de naturaleza” a los intereses de estos lobbies. Esta componente ideológica, superestructural, impregna los comportamientos, las decisiones de consumo y los discursos de los ciudadanos. Sus guardianes, el complejo militar industrial, lo defienden a bomba y metralla. Y sus títeres políticos lo sancionan y substancian en leyes, normas y ordenanzas.

Sólo a modo de ejemplo de esto, me he topado en el RGC en el apartado referido a la Licencia de Conducción de vehículos especiales con esta frase,

Se requiere (…) “No estar privado por resolución judicial del derecho a conducir vehículos a motor y ciclomotores, ni hallarse sometido a suspensión o intervención del que se posea”.

donde habla del “derecho a conducir” que otorga la posesión del carnet. No es cosa baladí la frase, porque derecho se puede sustituir en la frase por “habilitación” sin pérdida de sentido y sin acudir a esa palabra de elevada connotación.

Una formulación más universal (no de parte) de ese derecho moral sería el derecho a la accesibilidad donde la movilidad adquiere un rango equiparable al derecho a la salud o a la educación. Y en particular, la movilidad basada en la energía humana.

Derechos, obligaciones positivas y obligaciones morales

Lo que ya no gusta tanto es hablar de obligaciones morales (los derechos morales si que encandilan). Nadie habla de la obligación moral de mantener 1’5 metros de distancia para adelantar a un ciclista (hay que recordar a cada pedalada que hay una norma y multas y puntos en juego) porque entra en colisión con la sacrosanta e inexistente “fluidez del tráfico” o la obligación moral de usar el coche racionalmente (ya me imagino que muchos de vosotros ahora mismo estáis aprobando vuestra “inmaculada” práctica cochista).

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El poseedor del permiso de conducción está legalmente habilitado para manejar determinados vehículos en la vía pública con una serie de derechos y obligaciones. Derechos estos  que no son no son ilimitados. Por ejemplo, el bien común es causa muy justificada de limitación a la circulación de vehículos y las limitaciones impuestas en Madrid estos días por la alerta medioambiental son un buen ejemplo que ha puesto a los “liberales” en pie de guerra.

También, producto del mal ejercicio de estos derechos o la inobservancia de las obligaciones, se puede y se debe limitar el ejercicio de la conducción del coche ad personam. Y como tantas otras cosas, si hay un comportamiento punible reiterado pues razón de más para la retirada definitiva del permiso de conducción para salvaguardar la seguridad de los otros usuarios de la vía. Aunque haya quien…

Dado que Josemari Aznar tiene un permiso de conducción en vigor y conduce cotidianamente, deduzco que el sistema de verificación periódica de la aptitud psicofísica de los conductores es una burla. Los exámenes de psicotécnicos son inútiles, la información médica se puede falsear, no hay profesionales cualificados para hacer esa labor en los chiringuitos colaboradores de la Administración… un sistema inútil al servicio del negocio de unos cuantos con un deliberado interés en que no se haga bien. Verificar la aptitud física y quizás aún más la actitud psicológica para manejar un vehículo a motor (como si se tratará de un arma de fuego), a buen seguro que ahorraría cientos de víctimas al año.

¿Qué otras muestras de la imposición del derecho moral cochista veis en el ordenamiento jurídico?

Contaminación ética Forges - Desde Gijón y en bicicleta

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Un pensamiento en “Tu derecho a usar tu coche

  1. Felicicidades por el texto: muy agudo. Pequeños y oblicuos matices solamente. Sobre el aspecto gnoseológico-categorial (jarrlll), diría que el asunto pertenece más al ámbito de la política que al del derecho. Al derecho (moral o positivo) se le puede hacer decir casi cualquier cosa: los pistoleros yanquis reclaman (con razón constitucional) su derecho a llevar armas; la Constitución jacobina recogía el derecho de rebelión contra leyes y gobiernos injustos. El derecho es un poco…(guiñol jesulín dixit), como un toro.
    Pero resulta que, simple y llanamente, el puto motor de explosión no cumple el imperativo categórico (que yo sí que he leído un poco a Kant, no como la nueva política). Con eso se tapa la boca a los babayos libertarianos del Tea Spanish Party (que ni han leído a Kant ni son realidad: sólo mierda infatuada) que nos quieren llevar a “un inmenso rebaño de atontados ruidosos en un estercolero químico, farmacéutico y radioactivo”.
    Así que, a los mantras habituales: “el socialismo puede llegar sólo en bicicleta”, habría que añadir otro: “OTAN NO, coches fuera”

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