¡Un carril bici para mamá!

Foto

Hemos visto esta fotografía cientos de veces en las redes sociales, en webs y en blogs. A mi siempre me ha inspirado una fuerte sensación de poder y cercanía por la actitud provocadóramente macarra de estos luchadores en la promoción de la bici. Aunque no pude nunca encontrar muchos datos ni encontrar más fotos de la bicifestación, todos los indicios apuntaban a que se trataba de una manifestación en San Francisco pidiendo carriles bici a principios de los años 70.

¡Give mom a bike lane! ¡Y un bolso y un bonito vestido!

Pero acabo de conocer por Rebel Metropolis un relato del asunto muy distinto. La foto original (en color) fue publicada en la revista Mademoiselle en abril de 1972. Y, en realidad,  forma parte de una sesión de moda para la revista, por lo que no es realmente una instantánea de una protesta real, sino una puesta en escena de un setentero y protestón cycle chic, con chica mona luciendo falda y bolso en bici.Foto original color

Conocida esta información, para mi no pierde un ápice de fuerza comunicativa y valor sentimental la fotografía (aunque si todo su valor histórico-documental del movimiento prociclista). Y además me sugiere dos reflexiones que comparto con vosotros:

  • En 1972 las empresas ya se aprovechaban de la bicicleta, la rebeldía y la política para convertirlas en moda y vender.
  • El carril bici ha sido una reivindicación “molona” desde los inicios de la causa probici y la más fácilmente asumible y útil para las fuerzas de la movilidad insostenible.
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2 pensamientos en “¡Un carril bici para mamá!

  1. Abundando en los certeros comentarios del autor al sofisticado “fake”, me permitiré una concesión narcisista recordando -en una petulante autocita de la que espero se me exima- un fragmento de un casi ya viejo texto publicado en esta misma bitácora sobre el particular:

    “El sinfín de posibilidades de vida comunitaria que moviliza [la bicicleta] queda segregado de su contenido sociopolítico y reducido a la inocente esfera lúdico-paliativa: menor contaminación, prevención de arterioesclerosis, práctica deportiva, baratura, etc. En su crisálida mercantil, el potencial subversivo de desafiar el sistema de valores imperante queda diluido en la estética naíf de bien ecológico y saludable, pero fundamentalmente residual. Su forzada integración en el marco consumista se realiza, así, por dos vías: cuña reformista y artículo de uso lúdico impregnado de cierto esnobismo deportivo-cool.
    Toda la cantinela sobre la calidad de vida y la movilidad sostenible (interesadamente desgajadas del insostenible ámbito productivo, para recluirlas en el ocio y las costumbres privadas) se moviliza para dar un barniz suave y apacible al uso de la bici. En ciudades convertidas en tráfagos de humeantes tubos de escape, la bicicleta sirve a los “planificadores” y gestores públicos de recurso de emergencia para mitigar el envenenamiento generalizado”

    https://gijonenbici.wordpress.com/2014/04/19/mucho-mas-que-dos-ruedas/

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