Jugando al ajedrez con el Mont Ventoux

headerEn nuestra segunda jornada ciclista del Desafío Alpes 2013, haciendo camino, nos encontramos con el Mont Ventoux que geológicamente forma parte de los Alpes pero, sin embargo, es a menudo tomado por una montaña separada ya que está solo al oeste de la sierra de Luberon, aislado en  el valle del Ródano. ¿Cómo pasar de largo y no escalar con nuestras bicicletas esta montaña mítica y rodar hasta esta cima de piedra calcárea, sin rastro alguno de vegetación?. Esa caliza blanca de la cima hace que desde lejos aparente estar nevado todo el año. Aunque la fuerza del mistral que sopla en su cumbre es legendaria, el verdadero origen de su nombre no proviene de “ventoso” sino de el nombre de Vintur, por el dios galo de las cimas, o Ven-top’, que quería decir “pico nevado” en el lenguaje de los galos.

Ibamos a jugar una partida arriesgada en la canícula francesa. Hacer símiles ajedrecísticos puede que no sea el más original de los planteamientos literarios pero no se me ocurre mejor forma de relatar la ascensión al Gigante de La Provenza, esa “aberración geográfica” que se levanta en la planicie interminable poblada de viñedos: una partida que se juega a vida o muerte entre el caballero ciclista y el Mont Ventoux en cada una de las tres fases del juego.

La apertura…

Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo; en cien batallas, nunca saldrás derrotado. Si eres ignorante de tu enemigo pero te conoces a ti mismo, tus oportunidades de ganar o perder son las mismas. Si eres ignorante de tu enemigo y de ti mismo, puedes estar seguro de ser derrotado en cada batalla. (Sun Tzu; El Arte de la Guerra)

En estos tiempos, todos tenemos acceso a buenos perfiles altimétricos (mi agradecimiento a los compañeros que hacen ese trabajo de documentación y lo comparten desinteresadamente para nuestro disfrute), a predicciones meteorológicas, GPS y otros elementos técnicos que nos permiten afrontar confiados las “proezas más osadas”. Sin embargo, mi experiencia me dice que ni una altimetría sobre el papel da todas las claves de una ascensión tan complicada como el Mont Ventoux ni las predicciones capturan la naturaleza cambiante del tiempo en la alta montaña.

Altimetría del Mont Ventoux, desde Bedoin

Altimetría del Mont Ventoux, desde Bedoin. Se pueden apreciar a simple vista las partes más duras de la ascensión

Decidimos abordar la ascensión al coloso por Bedoin, la vertiente más dura de las tres posibles, y salimos pedaleando desde Carpentras para templar las piernas en esos 15 kilómetros de aproximación (al final del artículo hay un mapa del recorrido). A pesar de una salida temprana, el calor ya azotaba los viñedos a las 10 de la mañana levantando la columna de mercurio por encima de los 23°C, augurando una penosa jornada bajo el sol de La Provenza. De todas formas, disfrutamos de los hermosos viñedos, los campos de lavanda y las señales de restricciones de tráfico para el 14 de julio, día de la fiesta nacional francesa, cuando el Tour de France tomará al asalto esas carreteras en nuestro lugar para acabar en nuestro mismo destino.

La rotonda que da entrada a Bedoin, con la aguja de la cumbre al fondo

En la rotonda que da entrada a Bedoin, se divisa la cumbre al fondo, con la aguja de las antenas marcando el destino final

La subida comienza en la misma plaza de Bedoin. Pero no debe uno dejarse llevar por el entusiasmo o la ansiedad y lanzarse a la aventura sin pasar por la Oficina de Turismo y sellar tu carnet de grimpeur al Ventoux. Además es una buena oportunidad para refrescarse en la fuente de la sombreada y coqueta placita y templar los nervios para los 22 kilómetros que van a seguir.

Bedoin, inicio subida al Mont Ventoux

Desde la sombra protectora de la plaza de Bedoin mirábamos al inicio de la subida al Mont Ventoux con ansiedad y cierta aprensión

Hecha la breve pausa seguimos las omnipresentes señales al Mont Ventoux vía Chalet Reynard. Pasamos Notre Dame de Moustier y poco a poco la carretera se va empinando. Al atravesar St. Colombe las pendientes van alcanzando el 6% y sabemos que Saint Esteve está cerca: todas las estudiadas jugadas de la apertura, todas las tácticas habían sido desplegadas a la perfección. ¡Alea jacta est!

El medio juego… Llegando a Saint Esteve

Ver el cartel de Saint Esteve y darte un escalofrío es todo uno. Ni los 25°C que marca el termómetro evitan que se te erice el vello. Sin dejar el pueblo (donde está la última fuente en más de 10 kilómetros), la primera revuelta ya entrega al escalador los primeros repechos del 8% y tienes la constancia fatal de que estás entrando en los 9 kilómetros del bosque que te torturaran hasta el límite de tus fuerzas. Kilómetro tras kilómetro, entre las sombras que te brinda la tupida arboleda, venciendo las rampas que llegan al 12%, con tramos interminables por encima del 9% incluido el infernal kilómetro completo al 10% que lleva al Pabellón de Rolland, comprendes porque han llamado “el caldero de las brujas” al Mont Ventoux.

El bosque del Ventoux

El bosque del Ventoux, donde el tiempo se detiene, el aire se hace denso como plomo derretido y las piernas se mueven como tristes autómatas.

El bosque se convierte en una cámara de gas, un horno que se va poblando de ciclistas, parados bajo este o aquel árbol, tratando de recuperar el resuello. Pensar como sería este tramo sin la protección de la sombra no mejora la sensación de agobio a medida que vences cada curva y cada repecho rezumando sudor por cada poro de tu cuerpo.

Superado el terrible kilómetro 13 (al 9,3% de media) empiezas a vislumbrar otro paisaje muy diferente por encima de la corona arbórea que viste el Ventoux hasta los 1300 metros de altitud. Venciendo un par de revueltas se llega al Chalet Reynard, sinónimo de tregua en la mente de los bravos cicloescaladores que se enfrentan a “la bestia maligna” (así definió al Ventoux Felice Gimondi a Marco Pantani, su protegido).

Foto de Chalet Reynard, tímida tregua en la guerra

En Chalet Reynard, las pendientes dan una tregua momentánea, todo cambia y se adivina el “paisaje lunar”

Chalet Reynard es casi la última oportunidad para aprovisionarse de agua y recargar el botellín y aunque la fuente estuviera seca, pagar 2€ por medio litro de agua fría me pareció una ganga. Sin tiempo que perder, me subo en mi fiel Trek y busco con la mirada la cumbre. Ya hacía un largo trecho que mi compañero Javier y yo nos habíamos separado y perdido de vista, unidos en un empeño pero separados por un ritmo de pedaleo que es íntimo y personal. Los pretendidos tres o cuatro kilómetros “fáciles” que siguen al bosque no lo son tanto tras la tortura a la que las piernas han sido sometidas y, con estas sensaciones, un temor se hace fuerte en mi cerebro: el Mistral, el viento que hace de este gigante el “monte ventoso”, va a empezar a soplar a la vuelta de cualquier curva y mi sufrimiento va a alcanzar niveles desconocidos.

La cumbre del Ventoux, al final del paisaje lunar

Es pasado Chalet Reynard, donde el Mont Ventoux, “el desierto en cuesta” muestra su cara más cruel y descarnada…

El final del juego: paisaje lunar y viento

Es pasado Chalet Reynard, donde el Mont Ventoux, “el desierto en cuesta” muestra su cara más cruel y descarnada… Pasada la relativa tregua que nos han dado las pendientes tras la salida del bosque, los cuatro kilómetros y medio que restan se hacen interminables.

Alguna deidad de las cumbres debió fijar su mirada benevolente sobre mi porque una nube se instaló sobre la cumbre en los 20 minutos que tardé en recorrer esta exigua distancia y no corría más viento que el que se agradece para refrescarse en condiciones de máximo esfuerzo. Ese mistral que llega a soplar hasta a 320 km/h en la cumbre quiso dejar sus fuerzas para mejor día y no dar al traste con mi arduo empeño.

Sin dificultades añadidas a los exagerados porcentajes que restaban (varias rampas del 10 al 12%), se van superando el monumento en recuerdo de Tom Simpson, el Col des Tempêtes (el Collado de las Tempestades, literalmente) y la empinadísima rampa final presidida por las características antenas de la cumbre.

Había alcanzado la cabeza del gigante y allí estaba Javier para recibirme con un abrazo. El gigante había sido vencido.

Estela recuerdo al campeón británico Tom Simpson

Estela recuerdo al campeón británico Tom Simpson, fallecido en la ascensión al Mont Ventoux

Tiempo para relajarse y disfrutar de un par de refrescos, de comentar las penalidades sufridas en esas 2 horas y 40 minutos de escalada continua que refleja el crono de mi “carnet de cumbre”, de sentir la emoción de contemplar la formidable vista desde la cima y, como no, compartirla con los cientos de ciclistas que se iban agolpando en la cumbre, todos apaleados por el Gèant de Provence y todos felices de haber culminado con bien su gesta inolvidable.

Foto en la cumbre del Mont Ventoux

Un recuerdo a mis amigos de Les Camisetes desde la cumbre del Mont Ventoux

Y sin mucha dilación, tras las fotos de rigor, el momento de abandonarse al descenso interminable sobre un firme impecable: primero rápido en la descarnada cumbre y luego técnico y emocionante en el empinado bosque. En menos de media hora nos plantábamos en Bedoin para tomar unas merecidas cervezas en Portail de l’Olivier en la misma plaza esa misma mañana que nos vió partir hacia el cielo.

Apertura, medio juego y final del juego. Una partida de ajedrez bien jugada contra un rival poderoso. Una partida que en la comienzas siendo un peón a sacrificar y al final acabas siendo el rey (de la montaña).

Foto del último mojón del Ventoux... "D974 /Cumbre /1911 metros"

El último mojón del Ventoux, marca la cumbre a 1.911 metros de altitud: habiamos completado 1.806 metros de ascensión desde Carpentras.

El vertiginoso descenso del Ventoux

Javier desciende el Mont Ventoux como una exhalación

En las antenas del Ventoux

Javier posa ante las antenas del Ventoux… y tras el se puede ver el final de la rampa que conduce a la cumbre

  • Fecha de la ascensión 6 de Julio de 2013.
  • Altimetría: gracias a altimetrias.net
  • Fotos: factura propia

En la quinta y definitiva jornada del DA2013, subimos Alpe d’Huez… lee Reinventando Alpe d’Huez (je suis perdu)

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Un pensamiento en “Jugando al ajedrez con el Mont Ventoux

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