La tragedia ciclista de Campillos

Este post lo publica mi amigo Luis Ortega García en Ciclored, sobrecogido por el accidente que ha segado la vida de dos compañeros de la carretera, naturales de Ronda. Mientras leo estas líneas, el asesino ya prepara su petate para abandonar la prisón tras depositar la fianza de 50.000 euros que le ha impuesto el juez.

Dice Luis:

Lees 140 caracteres, unos pocos de bytes, o escuchas un flash informativo en la radio, o de lejos como canta la televisión. La mayor parte de las veces te es indiferente. Una noticia más. En otras se te encrespan los pelos de la nuca y un escalofrío recorre tu espalda. La sientes como propia, algo que te afecta de lleno, que es parte de tu vida.

La última vez que me sucedió esto último fue hace sólo unos pocos días cuando se unieron las palabras accidente, ciclistas y Campillos. Inmediatamente la cabeza se trasladó al mes de noviembre, a Sierra Nevada y a un grupo de ‘pirados’ que inició con ciclored.com la aventura de subir a más de 2.000 metros. Juan, Antonio y Fran son ciclistas, amigos de ciclored.com y viven en Campillos. Durante unos segundos pedí que ninguna de sus iniciales estuviera entre la de los accidentados. Algo ilógico, cuando ya todo había sucedido. Quizás una autodefensa psicológica para no asumir el drama.

Pronto me di cuenta de que daba lo mismo. La tragedia volvía a afectar al mundo del ciclismo. A nuestros semejantes. No era ninguno de los amigos de ciclored.com, sino padre e hijo. Ciclistas de la localidad de Ronda.  Compañeros de la ruta con las mismas ilusiones que podamos tener tu y yo. Se los llevó por medio un conductor con antecedentes penales. Iba borracho, drogado y a toda velocidad. Una auténtica bomba de relojería sin control.

Me puse a indagar el tema. La carretera, con un arcén considerable, es utilizada por los coches para circular a más de 140 por hora. A los ciclistas solo les queda la reprimenda de la Guardia Civil y la amenaza de multa por ir en paralelo (y eso que la ley lo permite). Una situación injusta y a la que nadie piensa poner remedio. Los radares, ya sabe, funcionan para recaudar, no en tramos peligrosos, y los ciclistas siguen siendo vehículos de segunda división.

A los amigos de Campillos se les habían quitado las ganas de montar en bici. La tragedia estaba demasiado cerca. La habían palpado. Una reacción lógica y que espero que con el tiempo puedan superar. Lo que jamás vamos a permitir es que continúe la indefensión del ciclista en la carretera. En Málaga ya salió indemne el conductor que se llevó por medio a los hermanos Ochoa. La justicia sigue circulando en cuatro ruedas, no en dos.

Leido en Ciclo Red

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